El tipo más común es conocido como EM recurrente-remitente. Los síntomas ocurren en forma de brotes que aparecen durante un período de tiempo –días, semanas o incluso meses– y luego mejoran parcial o totalmente. En alguna ocasión, pueden dejar secuelas neurológicas. Algunas personas con EM recurrente-remitente, con el paso de los años, desarrollan un empeoramiento neurológico progresivo, relacionado o no con los brotes. Es lo que se llama la fase secundaria progresiva y constituye un tipo diferente de la enfermedad. Otros enfermos, sin embargo, se mantendrán estables durante muchos años sin entrar nunca en esta fase progresiva. Desgraciadamente, a día de hoy, no existe ninguna prueba que nos permita saber “a priori” cómo será la evolución de la enfermedad.

Otro tipo de EM es la primaria progresiva, y lo padecen entre un 10% y un 15% de las personas con EM. Suele diagnosticarse en edades algo más avanzadas y la aparición de los síntomas tendrá lugar de forma progresiva, afectando especialmente a la marcha.

Comprobar si se tiene o no EM no depende sólo de un test. El proceso de diagnóstico clínico es complejo y el papel del neurólogo es clave. Se tiene que basar en el historial del paciente, en exploraciones y en diferentes pruebas para poder dar el diagnóstico definitivo y aconsejar sobre el mejor tratamiento posible. Una vez diagnosticado, el médico de familia puede ayudar al enfermo a tratar algunos síntomas.El paciente, por su parte, debe cuidarse: es importante seguir una buena dieta, realizar ejercicio, aprender a manejar las recaídas y acceder a la información correcta que le ayude a controlar la EM.

Fuente de información:  FEM

Recién diagnosticado. Introducción a la EM. Multiple Sclerosis Society. 2008 [acceso 20 de noviembre de 2012]. Disponible en:http://www.mssociety.org.uk/sites/default/files/Documents/Core%20pubs/Just_Diagnosed_Spanish_0808_-_web.3746e9f2.pdf